«A muchas cosas que acá las calificaban de malas las adornaban allá con el manto púrpura de los honores»

Así hablaba Zaratustra, Friedrich Nietzsche.

23 de enero de 2026. Viernes. 

El Ejército de Liberación Nacional (ELN), última insurgencia de Colombia en pie, revela que los restos de Camilo Torres Restrepo han sido hallados.

Reivindicado como “revolucionario integral” en un comunicado divulgado a través de redes sociales, Torres murió en combate el 15 de febrero de 1966 con 37 años. El ELN era entonces una pequeña insurgencia armada, no la poderosa organización criminal descrita por InSight Crime como “estructura de carácter binacional” con presencia en Venezuela.

“El pueblo colombiano, por el que luchó y ofrendó su vida, espera que sus restos sean respetados y depositados en el campus de la Universidad Nacional, donde fue capellán, fundador de la Facultad de Sociología y referente de la juventud universitaria”, asegura el ELN en su comunicado.

El País de España corrobora el anuncio: el hallazgo es cierto. Los detalles, sin embargo, serán revelados a cuentagotas a lo largo de las semanas que siguen. En atención a una solicitud del sacerdote jesuita Javier Giraldo Moreno elevada en 2019, la Unidad de Búsqueda de Personas Dadas por Desaparecidas (UBPD), entidad del Estado colombiano, emprendió una investigación que, cinco años después, dio con el paradero de los restos: una bóveda del pabellón militar en el cementerio municipal de Campo Hermoso, en la ciudad de Bucaramanga (Santander).

Tras más de dos años de análisis, la UBPD concluyó su plena identificación. 

A rojo y negro

15 de febrero de 2026. Domingo a las diez de la mañana. La Vicerrectoría de la sede bogotana de la Universidad Nacional de Colombia ha invitado a la comunidad universitaria a “la ceremonia eucarística por el sexagésimo aniversario del fallecimiento del padre Camilo Torres Restrepo”. 

En la entrada de la universidad sobre la carrera 30 con calle 45, un grupo de funcionarios del campus entrega a los visitantes fotocopias del primer número del periódico Frente Unido, dirigido por Camilo en 1965. “La respuesta de los que quieren una Colombia justa”, “Frente nacional oligárquico igual atraso”, “Por qué no voy a las elecciones” y “Mensaje de Camilo a los cristianos” son algunos de los titulares en la primera plana.

Fue en su mensaje a los cristianos que Camilo sostuvo que: 

“Es necesario quitarles el poder a las minorías privilegiadas para dárselo a las mayorías pobres. Esto, si se hace rápidamente, es lo esencial de una revolución. La revolución puede ser pacífica si las minorías no hacen resistencia violenta. La revolución, por lo tanto, es la forma de lograr un gobierno que dé de comer al hambriento, que vista al desnudo, que enseñe al que no sabe, que cumpla con las obras de caridad, de amor al prójimo, no solamente en forma ocasional y transitoria, no solamente para unos pocos, sino para la mayoría de nuestros prójimos. Por eso la revolución no solamente es permitida sino obligatoria para los cristianos que vean en ella la única manera eficaz y amplia de realizar el amor para todos. Es cierto que ‘no hay autoridad sino de parte de Dios’ (S. Pablo, Rom. XIII, 1). Pero Santo Tomás dice que la atribución concreta de la autoridad la hace el pueblo”.

César Zabala recibe un ejemplar del periódico fotocopiado, mientras espera al sacerdote Pedro Elías Joya. Varias personas se acercan a saludarlo. En su mochila lleva un texto de su padre, “el abuelo Germán” —como lo llama—, miembro de Golconda, uno de los primeros grupos que reivindicó la memoria de Camilo. Fallecido en 2009 a los 82 años, Germán Zabala alguna vez escribió:

“Cuando Jesús toma el látigo y expulsa a los mercaderes del templo no quiere decir que esté en contra del comercio o de la economía, o que niegue la vida social, es sólo una parábola. Quiere decir que la explotación solo se puede enfrentar con la acción de rebeldía, así como al odio sólo se le puede oponer el amor. Son dos metáforas diferentes con un mismo mensaje: pon la otra mejilla significa ama a tu prójimo, expulsa a los mercaderes del templo quiere decir: debes luchar contra la injusticia. Nunca he podido comprender por qué se ha tergiversado un mensaje tan directo y sencillo durante los últimos dos mil años”.

A unos metros de César, un trío de monjas dobla a mano izquierda, en dirección a la capilla Cristo Maestro. Visten idéntico: hábito gris con zapatos negros, pero una lleva mochila arhuaca. Al llegar al lugar, se encuentran con un cartel grande de letras negras y rojas: CAMILO VIVE 60 & 100PRE. Un cristo resucitado extiende los brazos en lo alto de la fachada de la capilla, como dando la bienvenida a la fila de gente que sigue llegando.

No es día de lluvia, pero la universidad ha dispuesto carpas y sillas plásticas afuera para seguir la trasmisión del evento a través de una pantalla gigante. Habrá sol.

En el atrio de la capilla, otro cartel. Sobre fondo rojo, una fotografía de Camilo sonriendo con el fusil al hombro. Y de nuevo: “CAMILO VIVE”… “En El Que Lucha Y No Se Rinde”, agrega el cartel, con tipografía entreverada. “60 AÑOS DE RESISTENCIA”, “Hasta Siempre Comandante”, “03/02/1929 – 15/02/1966”, “PRECURSOR DE LA TEOLOGÍA DE LA LIBERACIÓN Y LOS DERECHOS DE LOS PUEBLOS ARGEL ÁFRICA 4 DE JULIO 1976”. “¡Bolívar Vive!”, “¡La lucha sigue!”, “Venceremos”.

Dos hombres hablan en el umbral. El uno es gordo y el otro flaco; ambos, del grupo de curas que concelebrarán la eucaristía. Buena parte de ellos, viejos amigos de Javier Giraldo.

Dentro de la capilla ya no hay asientos disponibles. La gente empieza a agolparse a los costados. A la sombra del enorme crucifijo de bronce del prebiterio, el altar ha sido decorado con flores, velas y un retrato a blanco y negro de Camilo: el sacerdote posa para el fotógrafo Hernán Díaz, inclinado hacia la izquierda y con una mano sobre la cintura, metida por debajo del fajín de la sotana.

A un lado, el grupo musical termina de ensayar las canciones para la ceremonia. Entre ellas un bambuco compuesto por Poncho Franco, un hombre de voz grave que canta: “Por favor, regresa, Camilo, para que pulses las llagas de las heridas abiertas de tantas luchas cansadas. Por favor, regresa, Camilo, para que toques las fibras de los sueños de tu pueblo de tanta paz traicionada”.

Al otro lado del altar, junto a la puerta que da a la sacristía, sigue vacío el nicho construido para que reposen los restos del antiguo capellán de la universidad. Se espera que estos sean inhumados durante la ceremonia, pero las declaraciones del Instituto Colombiano de Medicina Legal y Ciencias Forenses, en la víspera, han despertado suspicacias: la entidad no tiene certeza de que se trate de los restos de Camilo. Sin un certificado suyo quizás no podría adelantarse la inhumación.

En una de las primeras filas están sentadas dos monjas octogenarias vestidas de civil, pero con sendos crucifijos sobre el pecho y similar cabello corto y cano. La una celebra en voz alta la presencia de jóvenes en el evento. La otra levanta una foto del Colectivo Frente Unido, también a blanco y negro: Camilo toteado de la risa en la sala del 102 de la calle treinta y cinco con cuarta, el apartamento junto al Parque Nacional donde vivió con su madre, Isabel Restrepo.

Poco tiempo antes de que inicie la eucaristía, algunas personas ofrecen declaraciones a la prensa. Entre ellas Arturo Grueso, líder social afrocolombiano que asegura haber conocido a Camilo en Buenaventura. “Estos sesenta años de la desaparición de Camilo Torres nos deben dejar sembrada en el corazón y en nuestra piel la idea del amor eficaz y, sobre todo, la coherencia y el ejemplo de Camilo”.

Un profesor del Departamento de Sociología explica que “este acto simbólico busca hacer visible la presencia de Camilo en la universidad y en el país”. De mochila y camisa roja, se trata de Miguel Ángel Bletrán, quien agrega que “con la muerte de Camilo se pretendió borrar su legado y su memoria” y que “hoy Camilo sigue hablando por la unidad popular y de los sectores subalternos; por una academia vinculada y comprometida con los sectores oprimidos, construyendo desde allí opciones de transformación”.

El mural borrado 

La visibilización de Camilo en la universidad no ha estado libre de controversias. Un mural pintado sobre la fachada del edificio del Departamento de Sociología provocó la protesta de un grupo de estudiantes, esta semana. El mural reivindica al Camilo revolucionario; de nuevo con rojo y negro. Esta vez reemplazando cada O de su nombre por una estrella pentagonal que recuerda la revolución cubana, partera del ELN.

Sobre un fondo rojo se cita un fragmento del mensaje de Camilo a los estudiantes: “Es necesario que la convicción revolucionaria del estudiante lo lleve a un compromiso real hasta las últimas consecuencias (1966 – Hasta la victoria)”. Junto al texto, Camilo con el fusil al hombro en un par de grafitis hechos con esténcil; de perfil, mirando hacia la izquierda… Obviamente. “La revolución será la respuesta a tu muerte”, se agrega, junto a otros dos retratos: Camilo sacerdote y Camilo agitador de masas. El primero, sonriente. El segundo, severo; con ceño fruncido.

Además del mural, otro letrero de tela pende sobre la fachada, esta vez, a plena entrada del edificio. La misma mezcla cromática. De fondo, una estrella roja de fondo y en primer plano el Camilo agitador de masas sobre la leyenda: “Tu legado es la toma del poder con la lucha popular. ¡A estudiar y a luchar!”.

Una de las primeras personas en pronunciarse críticamente sobre el mural fue Jei Alanis Bello Ramírez, una socióloga, investigadora y docente. A través de Facebook, la reconocida activista de la disidencia sexual y de género que se identifica como persona no binaria manifestó:

«El mural de Camilo es impactante e importante para conmemorar su legado, pero, para quienes no saben, pintaron el mural encima de un mural que hicieron las colectivas feministas en la U para honrar la memoria de las sociólogas que han sido ignoradas por el canon patriarcal de la disciplina. Lo más triste es que borraron el mural sin diálogo alguno, solo se impuso una memoria sobre otra y se hizo el mismo día en el que se celebraba la participación de las mujeres en la ciencia. Qué triste ironía y qué triste es constatar que las mujeres y sus aportes siguen siendo suprimidos en la academia».

Sintiéndose revictimizadas y señaladas, otras personas expondrán los pormenores de sus críticas, pero apelando a la reserva de la fuente. Entre ellas, otra intelectual explicará lo siguiente con relación al episodio:

“Es una historia de años que explota ahora por el mural, pero que responde a un antifeminismo que ha reproducido un grupo que pregona la sociología militante y comprometida. Esa sociología que pregonan no la considero mala per se, pero ha abierto el campo a posturas de ese tipo, creyendo que las feministas rompemos espacio porque cuestionamos la reproducción de ciertas violencias. Se apropian de la figura de Camilo para tener una postura caudillista con próceres caídos. Una sociología militante que, como recalca el mural, va ‘hasta las últimas consecuencias’. Nosotras no somos enemigas de Camilo. El conflicto data de hace mucho tiempo, porque los espacios han sido ocupados por ese mismo grupo que borró el mural. Es una ocupación física y simbólica del espacio. Por eso borrar ese mural va mucho más allá de una disputa por una pared. Es que nos están sacando de nuestro departamento. Es un grupo bastante organizado que impide la organización de lxs demás. Este conflicto no debe terminar en la estigmatización de nuestro departamento. La nuestra es la lucha de muchas mujeres, realmente. Que nuestro departamento pueda discutir estos conflictos desde el diálogo y el cuidado. Es una lástima que no se pueda. La Universidad Nacional es profundamente patriarcal”.

Un mural era a blanco y negro. Incluía los rostros de nueve mujeres: Luz Gabriela Arango, Magdalena León, Virginia Gutiérrez de Pineda, María Cristina Salazar, Silvia Rivera Cusicanqui, Judith Astelarra, Patricia Hill Collins, Jane Addams y Marianne Weber. Como dirá la Escuela de Estudios de Género, había sido pintado “con el propósito de reivindicar la presencia de las mujeres en la sociología y cuestionar el canon androcéntrico de la disciplina”.

El otro mural, a rojo y negro, y con una reiterativa estrella pentagonal, incluye el rostro de un hombre. El problema es que lo que ese hombre fue no se agota en sus representaciones revolucionarias.

¿Instrumentalización?

—¿Le preocupa la forma como se ha abordado la memoria en Colombia? —le preguntó la periodista Greace Vanegas a la escritora Helena Uran Bidegain, en cierta ocasión.

—Creo que no se ha entendido el potencial de la memoria como un elemento constructor de democracia, sino que se ha abordado desde la visión de quienes han ostentado las armas —respondió la autora de Deshacer los nudos, hija de un antiguo dirigente estudiantil católico de los tiempos de Camilo, desaparecido y asesinado por el Ejército años después, durante los hechos de la toma y la retoma del Palacio de Justicia: el magistrado auxiliar de la Consejo de Estado Carlos Horacio Uran—. Eso ha sido contradictorio en términos de construcción de sociedad porque el relato se basa en lo que arman los poderosos. A veces se limita a la reivindicación, la empatía con el otro, pero la memoria va más allá. Es pasar de la nostalgia a preguntarnos cómo sacamos lecciones de ese dolor para transformarlo en algo que nos sane y fortalezca como nación.

La identificación de los restos de Camilo reactivó la conversación pública sobre asuntos de memoria histórica. Curiosamente, ni el Centro Nacional de Memoria Histórica, dirigido por María Gaitán (nieta del caudillo asesinado en 1948 Jorge Eliécer Gaitán), ni el Centro de Memoria, Paz y Reconciliación (a cargo de la Alcaldía de Bogotá) han tomado parte en la conversación, a pesar de que su misionalidad les exige dinamizar y divulgar la pluralidad de los procesos de memoria histórica y esclarecimiento de la verdad sobre el conflicto armado interno, las violencias y las resistencias.

La conversación sobre Camilo ha quedado en manos de espontáneos, de uno que otro académico y, claro, de previsibles intereses políticos revolucionarios o contrarrevolucionarios.

En rechazo al proyecto de inhumar los restos de Camilo en la capilla Cristo Maestro, la uribista María Fernanda Cabal trinó el 11 de febrero: “La Universidad Nacional no es un mausoleo para enterrar los restos de un criminal como el cura guerrillero Camilo Torres. La Nacional se construyó para impartir conocimiento, no para rendirle honores a un delincuente”.

En respuesta a opiniones por el estilo, el historiador Felipe Arias manifestó también en X: “El Externado tiene un museo con una bandera ensangrentada y otros objetos de estudiantes que pelearon en dos guerras civiles; el edificio del Rosario recuerda a un profesor muerto tras alzarse en armas contra el Estado. Pero malo enterrar a Camilo Torres en la Nacional”.

Vistiendo una camiseta camilista, el profesor Carlos Medina Gallego, autor de ELN, una historia contada a dos voces, ofrece estas declaraciones, mientras avanza la misa:

“Yo creo que hay una instrumentalización política de los restos de Camilo. Primero, yo soy escéptico de que haya una prueba que llene todos los estándares que se requieren para demostrar que esos son los restos de Camilo. Nosotros llevamos cincuenta años buscando los restos de Camilo y hemos hecho todo lo que es posible hacer para encontrarlos. Inclusive en el 2016 desenterramos unos restos, los sometimos a medicina legal, a ADN y demostramos que no eran. Hoy se anuncia la existencia de unos restos y se dice, también, que están llenos de cloroformo y que el cloroformo no permite que se puedan coger los elementos del ADN. Pero, más allá de todo eso, la instrumentalización que se ha hecho de la sotana y de los restos de Camilo por parte de los sectores del Gobierno es lamentable porque Camilo le pertenece a los movimientos populares, a las clases sociales, a las mujeres, a los campesinos, a los indígenas; a todos los que tienen una agenda de lucha y la desarrollan desde el concepto del Frente Unido y del amor eficaz. Esos son elementos que juegan ahí. Habrá que esperar que la Unidad de Búsqueda de Personas Dadas por Desaparecidas de los aspectos técnicos que posibilitan demostrar que esos sí son los restos de Camilo. Y lo otro es el significado que pueda tener eso si no se trabaja con una metodología que trascienda el hecho de que los restos se metan en una urna o se metan en un panteón y el pensamiento comience a diluirse en la nada, porque parte del mito de Camilo está unido a la búsqueda de sus restos”.

Derecho materno

La primera buscadora de Camilo fue su mamá: Isabel Restrepo, quien el 14 de diciembre de 1966 le escribió al presidente Lleras en estos términos: “Ha sido usted un hombre de derecho y confío serenamente en que sabrá reconocer y proteger el mío, que es el de todas las mujeres de Colombia y que consiste en cubrir con el corazón aquello que fue pedazo de nuestras entrañas”.

Isabelita, tal y como era conocida en la élite bogotana, murió en 1973; protegida por Fidel Castro, pero sin ver cumplido su deseo. Álvaro Valencia Tovar, comandante de la Quinta Brigada del Ejército, había escondido los restos para evitar que el sitio en que reposaban se convirtiera en lugar de peregrinación. El esfuerzo fue secundado por el hermano mayor de Camilo, el médico Fernando Torres Restrepo, fallecido en 2007.

Bocatto di cardinale

Cosa curiosa. Aunque la canción de Poncho Franco reitera que Camilo confrontó a la Iglesia (“siempre buscando igualdad”), la misa es presidida por uno de los símbolos del clericalismo en Colombia: Darío Álvarez Botero, vicario de la zona pastoral Inmaculada Concepción. Esta abarca geográficamente la universidad y, por tanto, la capilla Cristo Sacerdote, propiedad de la nación, pero a cargo de la Arquidiócesis de Bogotá.

La historia del eclesiástico fue contada in extenso por el periodista Juan Pablo Barrientos Hoyos en su segundo libro, Este es el cordero de Dios. Dos antiguas funcionarias de la Arquidiócesis de Villavicencio, María del Socorro Martínez y Olga Cristancho, denunciaron a Álvarez por encubrimiento. Según la carta enviada por ambas mujeres al papa Francisco, Álvarez participó en una estrategia al servicio de la curia para ocultar una red de inducción a la prostitución liderada por una quinta parte del clero de dicha jurisdicción. “El escándalo de pederastia más grande en la historia reciente de Colombia”, en palabras del escritor.

Con todo, Álvarez no será el único eclesiástico tildado de encubridor que se unirá a la efeméride.

Al inicio de la ceremonia, se lee un comentario que exalta al Camilo sacerdote. El que estudió en el seminario católico del Chicó. El que regresó a Colombia en 1959, después de estudiar sociología en Bélgica y en Estados Unidos; y se reincorporó a las actividades de la arquidiócesis, primero como capellán de la universidad, luego como vicario de la iglesia de la Veracruz, en pleno centro de Bogotá.

El comentario cita el Código de Derecho Canónico (ley suprema de la Iglesia) para sostener que, a pesar de que Camilo colgó la sotana y de que el cardenal Concha le aceptó su renuncia al clero, Camilo siguió siendo sacerdote. Y aporta dos relatos en conflicto sobre el momento en el que fue alcanzado por las balas en la mañana del 15 de febrero de 1966. El primero sostiene que Camilo fue abatido mientras intentaba hacerse con el fusil de un caído en combate. El segundo, que fue abatido “con la mirada fija en el firmamento”, sin actitud de combate; provisto más bien de un gesto que supuestamente fue interpretado por un soldado anónimo “como de querer administrar los últimos sacramentos a los caídos”.

Entre los concelebrantes hay varios curas famosos. Javier Giraldo, acreditado buscador en el proceso de búsqueda adelantado por la UBPD, quien desde hace muchos años celebra una ceremonia ecuménica en honor a Camilo cada 15 de febrero; y, entre otros, dos misioneros que, en su momento, trabajaron con el jesuita en la oenegé Comisión Intereclesial Eclesial de Justicia y Paz: el redentorista Alberto Franco, defensor de la naturaleza, y el claretiano Henry Ramírez Soler, con experiencia en la búsqueda de personas dadas por desaparecidas.

También está en la misa el primer alto comisionado para la paz del gobierno de Gustavo Petro. Pero no como un feligrés más. Iván Danilo Rueda, también discípulo de Giraldo, lee uno de los textos bíblicos durante la liturgia de la Palabra.

Un detalle pasa inadvertido al común de los presentes. A un costado del presbiterio, marginado del resto de curas, un sacerdote de rito siro-ortodoxo sigue la ceremonia como cualquier hijo de vecino. Según denunciará su iglesia, Darío Álvarez Botero le impidió concelebrar la misa llevada a cabo en estricto y tradicional rito romano.

“Fue saboteo de la arquidiócesis, no terminó siendo ecuménica”, manifestará el representante de la iglesia siro-ortodoxa, refiriéndose a una celebración variopinta que, según él, tuvo hasta atropellos contra la libertad religiosa. “Al padre Javier se le trató como a un monaguillo y se le cambió todo lo que tenía planeado. El vicario enviado por el cardenal fue muy despectivo. Después de sesenta años, la arquidiócesis se comportó con Camilo como cuando lo expulsaron del sacerdocio. Un atentado contra la memoria de Camilo, que era un hombre ecuménico; y contra el legado de amor eficaz que nos da”.

Corrección histórica. A Camilo nadie lo expulsó del sacerdocio. Él colgó la sotana. Algunos creen, sin embargo, que su sacerdocio es eterno (“según el rito de Melquisedec”). Aseguran que el sacramento del orden imprime carácter.

Llegado el momento del ofertorio, después del breve sermón del vicario, Javier Giraldo toma la palabra y ofrece con voz serena el primer titular camilista del día: no habrá inhumación durante la eucaristía por culpa del Instituto Colombiano de Medicina Legal y Ciencias Forenses. “Todo estaba preparado para hoy, y para este momento, pero a última hora, el Instituto Nacional de Medicina Legal interpuso una exigencias que no se pudieron cumplir, que eran exigencias puramente formales y que tenían, más, una motivación política”.

En la víspera, el director de la entidad, Ariel Emilio Cortés, declaró que el instituto no había llegado a conclusiones para una plena identificación de los restos, a pesar de los anuncios de la UBPD.

A la indignación se suma el sofoco dentro de la capilla. El golpe del rayo de sol a través de su inmenso vitral aumenta el calor dentro del recinto. La falta de oxígeno entre la muchedumbre cobra su primera víctima: una muchacha se desmaya, pero es socorrida por un buen samaritano. Este la saca en brazos de entre la masa, cual personal de logística durante un concierto de los Beatles.

Afuera el viento refresca el clima. A la sombra de una arboleda, alcanza a quienes siguen el evento frente a la pantalla gigante. Entonces, el emisario del cardenal Rueda lee el mensaje enviado por la cabeza del catolicismo colombiano sobre el antiguo capellán de Cristo Maestro. También para el arzobispo de Bogotá la identificación de los restos de Camilo es, ya, todo un hecho.

“Han pasado sesenta años desde la muerte del padre Camilo Torres Restrepo. A pesar de los profundos y vertiginosos cambios vividos en estas décadas, Colombia sigue anhelando la paz plena y la justicia social que dignifique la vida de todos.

La inhumación de sus restos es un gesto que reconoce la dignidad inviolable de toda vida humana, cuya sangre derramada clama al Creador (Cf. Gn 4,10). Su memoria nos remite al rostro de todas las víctimas del conflicto armado en Colombia. Ellas nos recuerdan que la violencia y la guerra son siempre un fracaso humano y una herida abierta en el corazón de la Nación.

Somos testigos del dolor profundo que acompaña a tantas familias que han perdido a sus seres queridos. En medio de ese sufrimiento, sólo la esperanza en Cristo Resucitado nos sostiene y nos impulsa a seguir caminando juntos. Estamos llamados a vencer el mal con la fuerza del amor, con la certeza de que ‘sus llagas nos han curado’ (1 Pe 2,24) y de que la cruz de Cristo es, en definitiva, la negación de toda violencia y la proclamación de una vida nueva.

Como discípulos misioneros, estamos dispuestos a acoger el clamor de los pobres y a construir una sociedad donde aprendamos a ‘compartir la mesa de la vida de todos los hijos e hijas del Padre, mesa abierta e incluyente, en la que no falte nadie’ (Documento de Aparecida, Mensaje final, 4).

La Iglesia ora por el eterno descanso del padre Camilo y ruega al Señor por el fin definitivo de toda forma de violencia en Colombia. Al mismo tiempo, nos exhorta a trabajar sin desfallecer por la justicia social, en el marco del Estado Social de Derecho, conscientes de que las causas de la violencia se enraízan también en estructuras de pecado que debemos transformar con la fuerza del Evangelio.

Solo el amor fraterno es fundamento verdadero de reconciliación y unidad como Nación. Solo el amor hace posible el encuentro y el diálogo. Solo el amor nos dispone a respetar la vida de quien piensa distinto. Solo el amor abre caminos hacia una ‘paz desarmada y desarmante’ (Papa León XIV).

Hoy renovamos nuestra esperanza: el amor nos hace pasar de la muerte a la vida”.

Ite missa est

Existe el Camilo cura, el Camilo sociólogo, el Camilo dirigente social, el Camilo guerrillero… Cada nicho tiene su Camilo. Incluso, el mundo del teatro ha hecho su propia representación del personaje.

—¿Qué significado tiene la conmemoración de los sesenta años de la muerte de Camilo para ti? —le pregunta un reportero, a la salida de la eucaristía, a Patricia Ariza, exministra de Cultura y directora del Teatro La Candelaria.

—Un significado enorme y muy profundo, porque el país todavía no está en paz. Si viviera, Camilo sería el gran mediador. Pero su memoria y la conmemoración de los sesenta años ayuda muchísimo. Por eso nosotros hicimos una obra en memoria de Camilo. Queríamos presentarla en el Teatro Colón y estaba todo listo, pero no se pudo. No sé por qué razones. Entonces vamos a hacer una temporada y la vamos a presentar aquí en la Nacional.

—¿Qué ha significado históricamente para el mundo del teatro una persona como él? ¿Cuál ha sido el Camilo que ustedes han querido representar y exaltar?

—Muy importante porque, además de ser una personalidad histórica en Colombia, es un personaje; porque es un hombre que se debatió entre la santidad y la rebeldía. Entonces fue fascinante para nosotros investigar sobre Camilo, conocer su vida y su obra. Fue muy emocionante.

Junto a una placa de hace veinte años que lleva la inscripción Camilo Vive, también el ministro de trabajo, Antonio Sanguino, declara ante la prensa en el atrio de la capilla. Desmovilizado hace más de tres décadas, el antiguo miembro de la disidencia del ELN Corriente de Renovación Socialista nacido en 1965, no pierde la oportunidad de vincular la efeméride con la agenda de la presidencia de la República:

—Como si fuera un milagro de la vida, en este Gobierno, en el gobierno del cambio, hemos encontrado los restos del padre Camilo Torres Restrepo, para que se convierta, también, en un símbolo de las luchas por el cambio que estamos librando en el país y que estamos librando desde el Gobierno. Yo creo que la memoria, el legado, la trayectoria de Camilo como sacerdote, precursor de la teología de la liberación, como sociólogo comprometido con las clases populares y como revolucionario indómito, creador del Frente Unido en su momento, para desafiar el frente bipartidista, el Frente Nacional, esa reivindicación y esa llegada de Camilo en este tiempo, es un gran aliciente para las luchas que estamos librando por una sociedad en donde haya justicia social y en donde haya democracia de verdad.

—Particularmente para usted, ¿qué ha significado el personaje histórico? —pregunta un reportero, mientras el ministro esboza una sonrisa.

—Yo le cuento que yo soy sociólogo. Estudié sociología por el padre Camilo Torres Restrepo. Lo descubrí por allá a los trece o catorce años cuando estaba estudiando bachillerato en la costa Caribe colombiana, en Valledupar, en un colegio público. Eso me hizo rebelde y descubrir una dimensión del cristianismo comprometida con las luchas y las causas populares. Y Camilo siempre ha sido un compañero de viaje y un referente permanente, tanto en mi formación como sociólogo, como en mi compromiso revolucionario y en mi militancia política, que ahora se refleja en lo que estoy haciendo como ministro de trabajo y como integrante del gobierno del cambio en cabeza del presidente Petro.

*Fotografías de Daniel Pineda

A puerta cerrada

Cuando el común de los que han seguido la noticia sobre el hallazgo y la identificación de los restos de Camilo ya había dejado para la semana siguiente el avance los acontecimientos, el 15 de febrero de 2026 ofrece una nueva noticia.

Bien entrada la noche, se divulga que finalmente el buscador acreditado en el proceso de búsqueda adelantado por la UBPD, Javier Giraldo, ha recibido los restos. Ocurre durante una ceremonia discreta en las instalaciones de la entidad. Acompañado el jesuita, entre otras personas, de dos de los sacerdotes que concelebraron la misa de ese día; así como del exalto comisionado para la paz Iván Danilo Rueda; del cantautor Poncho Franco; de la secretaria general de la Unidad para las Restitución de Tierras, Jaqueline Campos, y de la mano derecha de esta última, la abogada Magdalena Frías.

Las conclusiones de Medicina Legal sobre los restos todavía no se conocen.

Una estola sobre el cofre en que reposan los restos exalta, nuevamente, la faceta de Camilo como sacerdote.

La familia social

16 de febrero de 2026. 10 a.m. La UBPD ha convocado una rueda de prensa para ofrecer los detalles del proceso de búsqueda e identificación de los restos de Camilo. La cita es en un pequeño salón de la torre A del Centro Internacional Tequendama. Una fotografía sobre la mesa dispuesta con micrófonos exalta, reiterativamente, al Camilo cura. La misma fotografía está colgada en la puerta que da entrada al recinto.

Vestido con sotana, el Camilo a blanco y negro, retratado por Hernán Díaz, camina gracias a la Inteligencia Artificial (IA).

Al lado de la mesa, una serie de diapositivas son presentadas a través de una pantalla gigante. Entre ellas, algunas hacen un reconocimiento al rol como buscadores de Isabelita Restrepo y de Javier Giraldo. Este llega a la rueda de prensa acompañado del exalto comisionado para la paz Iván Danilo Rueda.

Antes del inicio de la rueda de prensa, Luz Janeth Forero Martínez, directora de la UBPD, declara que el expediente del proceso de búsqueda de Camilo adelantado por la institución tendrá reserva, al menos, hasta el 2038. Una exfuncionaria de la UBPD precisará que “es información extrajudicial que, en teoría, nunca debería estar disponible, porque solo se recoge con fines humanitarios”. La misma fuente explica: “El CICR, por ejemplo, recibe ese tipo de información y tiene un archivo en donde conserva lo más relevante, pero solo está disponible décadas después, cuando no existan riesgos judiciales para nadie”.

Llegado el momento de la presentación, frente a la mesa con los micrófonos, se sientan: Javier Giraldo, Luz Janeth Forero Martínez y un grupo de funcionarios que trabajaron en el proceso de búsqueda y de identificación de los restos, así como el argentino Luis Fondebrider y el canadiense Derek Congram, científicos que respaldan las conclusiones de la UBPD.

La información es clara y precisa. 

El hallazgo de los restos fue el 19 de junio de 2024, cinco años después de que Javier Giraldo elevará una solicitud de búsqueda ante la institución.

Los restos estaban dentro de una urna con apliques en alto relieve, como la mencionada por la persona que los ocultó: el militar Álvaro Valencia Tovar. Durante una entrevista de 2007 con la periodista María Isabel Rueda, este afirmó que se trataba de un objeto color caoba.

Un laboratorio de Texas participó en los estudios sobre los restos. El análisis genético cotejó una muestra de los restos con los del padre biológico de Camilo, el pediatra Calixto Torres Umañana, fallecido en 1960 y enterrado en el Cementerio Central de Bogotá.

La investigación de la UBPD consultó fuentes reservadas y dio particular importancia al testimonio de un antiguo sepulturero.

Durante su intervención, pero sin nombrarlo explícitamente, Fondebrider descalifica al genetista colombiano Juan José Yunis, quien ha recomendado que la identificación de los restos también se adelante cotejando muestras con los restos de la madre de Camilo. Durante una entrevista, saliendo de la rueda de prensa, Fondebrider agregará: 

—En realidad, no hay ninguna controversia. A nivel científico, yo creo que hay coincidencias. Hay cuestiones de tiempos de entrega de informes. Cuestiones que tienen que ver con burocracia administrativa. Pero los estudios que hizo Medicina Legal dieron coincidencias con los estudios que realizó la Unidad de Búsqueda. Obviamente la Unidad de Búsqueda tiene más detalles de contexto, porque fueron al lugar, porque investigaron fuentes de información, porque hablaron con testigos en el lugar. Eso no lo tiene Medicina Legal. Entonces, al final del día la Unidad de Búsqueda tenía más información para completar todo. Pero lo básico no era muy diferente. 

—Usted se refirió al genetista Yunis… —precisará un reportero.

—Mira, es una persona que no es forense —contestará Fondebrider, con típico acento porteño—. Cuando uno habla por hablar, porque no conoce el proceso de identificación… Realmente es una pena porque es un científico muy importante. Pero cuando uno no sabe de estas cosas, no tiene que hablar. Él no conoce cómo es un proceso de identificación. Es un genetista, pero solamente una parte. Si uno no trabajó en medicina legal y no sabe cómo es, es mejor no decir nada.

Durante el avance de la rueda de prensa, Javier Giraldo hace un reconocimiento al trabajo adelantado por la UBPD. Explica su crítica del día anterior a Medicina Legal. Desmiente a la socióloga Olga Lucía González, columnista de La Silla Vacía según la cual Calixto Torres Umaña no era el padre biológico de Camilo (días después también lo hará Medicina Legal). Celebra el cambio de actitud de la Iglesia católica frente a la figura de Camilo y sostiene que, aunque él, Javier Giraldo, aparece como único buscador acreditado en el proceso de búsqueda adelantado por la entidad, a dicho proceso le antecede una búsqueda en la que han participado muchos sectores de la sociedad colombiana.

—¿Qué rol jugó usted en el proceso? —le preguntará un reportero a Iván Danilo Rueda, después de la rueda de prensa.

—Yo simplemente… apoyé al padre Javier —responderá apretándose las manos y sonriendo.

—¿Cómo?

—Haciendo cosas más logísticas, pero siempre apoyando ese ejercicio de dignificación en la reconstrucción, no solamente de la vida de Camilo, sino de lo que hay detrás de Camilo.

—¿Cuándo se enteró del hallazgo?

—Al mismo tiempo.

—¿Alguna crítica al manejo mediático de la noticia?

—Por supuesto. Hay una afán de tener la chiva y, a veces, de especular, lo cual genera una distorsión y no ayuda ni a reconocer el rol del Estado cuando opera adecuadamente y también genera una serie de pronunciamientos en la sociedad que en nada logra contribuir a un ambiente de convivencia y de comprensión de hechos de importancia para un grupo o sector de los colombianos.

—¿El comunicado de enero del ELN ayudó al proceso o interfirió en este?

—Pues, cada quien…

—Su opinión…

—…Está en su manera de expresarse… Creo que una visión no comprendida, porque se dirigió al Gobierno y el Gobierno no tenía nada que ver con este proceso. Fundamentalmente, era un ejercicio que hacía el buscador con una institución del Estado que es la UBPD.

—O sea, usted es crítico de ese comunicado…

—Soy crítico del hecho de que no tenía la información precisa —agregará, enfático, señalando al frente con ambos índices— y de que quién les haya dado la información no tenía los elementos de juicio para que el contenido de ese comunicado se refiriera al Gobierno.

Cerca del cierre de la rueda de prensa, una persona que sigue la transmisión a través del canal de YouTube de la UNPD, exclama con afán:

—¿Alguien quiere preguntar por lo que significa este hallazgo en cuanto aprendizajes en la búsqueda de combatientes desaparecidos?

HaciaElUmbral remite la inquietud a la directora de la UNPB. Será la última pregunta de la rueda de prensa.

—Desde que encontramos a Camilo y desde que hemos avanzado en la investigación, mi equipo técnico y experto no me dejará mentir —responde Forero, girándose hacia su derecha y sonriendo a sus colaboradores presentes junto a la mesa—, decimos que nos ha enseñado mucho. En primer lugar, a creer en las evidencias; a analizar de una manera más amplia, con un espectro mucho más amplio, lo que significa el contexto —agrega girándose a la izquierda y mirando, cómplice, a Luis Fondebrider, quien asiente a su lado, con gesto serio—: la información relacional. Desafortunadamente, nosotros decimos que hoy la genética quiere imponerse en el mundo de la búsqueda de los desaparecidos y nosotros nos negamos a eso. Porque hay, a veces, tanta información de relevancia, y nosotros decimos siempre: la genética no identifica. La genética no sale con un rótulo, para ser un poco gráfica en qué dice: usted es hija del tal o este es su hijo. Eso no pasa. Todo eso está en el campo de las probabilidades, específicamente. Entonces, en primer lugar, cómo el lugar armónico, articulado, sistemático, riguroso, juicioso, puede llevarnos a resultados de esta naturaleza. Tenemos muchos aprendizajes que seguramente van a impactar de manera decidida nuestros protocolos y nuestras metodologías; en particular: el hecho de haber salido a buscar otros laboratorios en el mundo. El hecho de buscar otras formas de recabar evidencias, de contrastar los resultados. Hasta ahora habíamos sido tímidos en esto, tenemos que confesarlo. Pero lo resumo en que para la búsqueda de los desaparecidos en este país esta entidad no va a escatimar el más mínimo esfuerzo. Y creo que es el ejemplo que nos da este caso en específico.

A mediados de 2022, el Centro Nacional de Memoria Histórica estimó que al menos ocho mil setecientas personas habían sido desaparecidas en el marco del conflicto armado en Colombia. Refiriéndose particularmente al caso de Camilo, Javier Giraldo señala: “Esa desaparición forzada no se ha juzgado; tuvo la complicidad de todas las autoridades. Es necesario, también, enjuiciar eso”.

—Ya para cerrar, no quiero perder la oportunidad frente a tu pregunta —agrega la directora de la UBPD, dirigiéndose al autor de esta crónica—. Un gran aprendizaje es la relevancia de la familia social en los procesos de búsqueda. El padre es familia social, no es familia biológica —dice Forero, llevando su brazo derecho sobre los hombros de Javier Giraldo, mientras este asiente y sonríe, bajito detrás de los micrófonos que dificultan las tomas, pero grande como sujeto de la noticia—. Y, sin embargo, ha liderado durante tantos años esta lucha, con el mismo ahínco, con la misma perseverancia, con la misma resistencia. Y nosotros, como entidad, trabajamos mucho con familias sociales, en casos muy específicos, sobre todo, con comunidad LBTIQ+ no buscada por su familia biológica sino por su familia social. Pero esto nos obliga… aquí con mi director de participación, a tener una mirada mucho más amplia, frente a lo que significa la familia social en la búsqueda de los desaparecidos y también cerrar el tributo que tenemos que hacer a las mujeres buscadoras que por tantos años han hecho de todo para encontrar a sus seres queridos, para encontrar respuestas, por saber qué pasó, por saber dónde están. Por ellas nacemos instituciones como estas; por ellas, hay demanda concreta al Estado: de que responda ante la desaparición de sus seres queridos. Entonces, ese tributo grande a las mujeres como Isabel Restrepo, quien puede ser una de las primeras mujeres buscadoras de este país. Esta investigación nos permitió, incluso, encontrar todas sus actuaciones, todas sus acciones de incidencia que, probablemente, no recibieron eco. Hoy, donde esté, debe estar, seguramente, muy feliz.

La rueda de prensa termina entre aplausos. 

Inhumación discreta

18 de febrero de 2026. A lo largo del día, se conocen algunos detalles de una demanda contra la Universidad Nacional de Colombia, el Instituto Nacional de Patrimonio Cultural y el Ministerio de Cultura. Entre otras cosas, los accionantes exigieron:

“Que se ORDENE al Instituto Distrital de Patrimonio Cultural realizar una evaluación patrimonial de la Capilla Cristo Maestro y determinar si requiere declaratoria formal como Bien de Interés Cultural.

Que se ORDENE al Ministerio de Salud o a la Secretaría Distrital de Salud verificar el cumplimiento de las normas sanitarias aplicables a osarios y cementerios respecto de las obras proyectadas.

Que se PROTEJA el derecho de la familia Torres Restrepo a decidir sobre la disposición final de los restos de su familiar, conforme a la normatividad sobre desaparecidos y los estándares internacionales de derechos humanos”.

Es miércoles de ceniza. En la mañana, Javier Giraldo participa en un panel organizado por la Escuela superior de Administración Pública (ESAP), junto a Joe Broderick, autor de la biografía Camilo Torres, el cura guerrillero, y Marta Rodríguez, antigua alumna de Camilo en la Universidad Nacional y directora del documental Carmilo Torres Restrepo, el amor eficaz.

8:26 p.m. El periodista Camilo Alzate trina a través de la red social X: “En este momento se depositan los restos del cura guerrillero Camilo Torres Restrepo en la capilla de la Universidad Nacional de Bogotá. La ceremonia es presidida por su buscador, el sacerdote Javier Giraldo”. La fotografía que acompaña el texto permite asomarse a una ceremonia discreta, caracterizada por la presencia de jóvenes (algunos visten kufiya, símbolo de solidaridad con la causa palestina). También están presentes el cantautor Poncho Franco y personal de la Unidad de Restitución de Tierras.

8:37 p.m. Segundo trino de Alzate: “La urna que contiene sus restos estaba en poder del sacerdote Javier Giraldo desde el domingo cuando la UBPD hizo la entrega oficial. Su llegada a la Universidad Nacional estaba prevista para este domingo, pero la inminente posesión de Ismael Peña como rector adelantó el evento”. La segunda fotografía deja ver a las profesoras María Tila Uribe y María Elvira Naranjo, discípulas de Camilo. Sobre la urna, una estola sacerdotal, prenda para la celebración de la eucaristía. A un lado, el cirio pascual (símbolo de la resurrección); y al otro, una fotografía de Camilo intervenida con Inteligencia Artificial, que lo muestra caminando a la cabeza de una muchedumbre.

8:53 p.m. Tercer trino de Alzate: “El cuerpo de Camilo ya reposa en la bóveda que fue adecuada hace años por estudiantes de la Universidad, cuando él aún estaba desaparecido tras la decisión del general (r) Álvaro Valencia Tovar de esconder su cadáver para impedir que se convirtiera en un símbolo de la insurgencia”. La fotografía enseña la urna al otro lado del cristal de seguridad, junto a velas encendidas y flores.

“Inhumación colectiva”

21 de febrero de 2026. 10 a.m. La Escuela de Ecología Humana y la Universidad de Colombia aparecen como convocantes en un anuncio difundido a través de Whatsapp, con que se ha invitado a la “ceremonia de inhumación colectiva” de “Camilo Torres Restrepo, Sacerdote – Sociólogo – Mártir del pueblo”.

El anuncio presenta una fotografía en sepia, tomada en 1965: Camilo, junto a estudiantes. El fondo negro está atravesado por líneas y destacados en rojo y blanco, entre ellos la frase: “El amor eficaz es la revolución”.

De la entrada de la carrera 30 con calle 45 pende un letrero en tela: Camilo con el fusil al hombro y la estrella revolucionaria sobre la boina. Similar estética a la de un letrero que cuatro días atrás fue colgado sobre la fachada del auditorio León de Greiff, con estas frases: “Camilo, juramos vengar tu muerte (…) De tus hijos brota fuego (…)”.

Un Camilo seglar a blanco y negro, a tamaño real y con diseño de sonrisa por obra y gracia de la IA, recibe a los visitantes en el atrio de la capilla. A unos pasos, el rostro de Margarita María Olivieri, secretaria de Camilo, ha sido recortado en un cartel que tiene la leyenda: “Estoy con Camilo”. La historiadora Fernanda Espinosa no tardará en protestar: “Recortar justamente este rostro. Parece nuevamente un borramiento de las mujeres en la historia. Desconocimiento del papel de las mujeres en el Frente Unido”. 

Desde hace unos días, Espinosa ha estado explicando a través de su cuenta de X: 

“Marguerite-Marie Olivieri (1933–2009), ‘Guitemie’, francesa de familia córcega, militó por la liberación argelina y se movía en redes de sacerdotes obreros y jóvenes intelectuales en París y Lovaina. Conoció a Camilo Torres en 1957. Ella hacía parte de redes de apoyo a argelinos”.

“Fue su colaboradora más cercana en la ESAP. En 1964 Camilo describe el trabajo de ella (y) señala: ‘las funciones de Secretaria-Coordinadora, es la persona más informada sobre todo el funcionamiento del Instituto, de total confianza y de gran capacidad ejecutiva’”.

Y, además de otros datos interesantes, con copias respectivas de documentos, el siguiente, de un mensaje dirigido a “Adolfo Gilé”:

“5 mayo 1965 – Bogotá

Carta de Guitemie describiendo la situación política: una ‘atmósfera bastante horripilante’, Camilo ‘tiene que irse’ a Lovaina. Teme un estado de sitio o un golpe de Estado. Documento clave para entender el clima previo al paso a la clandestinidad de Camilo”.

Más allá de toda controversia, no falta el que se agacha frente al agujero y asoma su cabeza. Lo hace, por ejemplo, un viejo estudiante de sociología fotografiado por Ana María Lozano, defensora de derechos humanos y, en su momento, integrante de la Comisión Intereclesial de Justicia y Paz, fundada por Javier Giraldo, como otros de los presentes. Entre ellos algunos que dieron el saltó al Ejecutivo en los últimos años y ahora prefieren no aportar declaraciones a la prensa.

En el presbiterio, Poncho Franco y su grupo musical ensayan las canciones para la misa: el bambuco de marras y otros temas que sonarán a lo largo de la ceremonia. Uno de ellos, inspirado en el primer capítulo del libro del profeta Jeremías. “Tengo que andar, tengo que luchar. Ay de mí si no lo hago. ¿Cómo escapar de ti, cómo no hablar si tu voz me quema dentro?”.

Esta misa (la segunda en menos de una semana) sí será ecuménica. De los siete sacerdotes que concelebrarán, tres son de rito siro ortodoxo y, al menos uno, anglicano. Con estola roja (color que remite a la teología del martirio), Javier Giraldo presidirá la ceremonia acompañado, a la vez, de Francisco de Roux, expresidente de la Comisión de la Verdad.

La guerra justa

Ambos jesuitas, De Roux y Giraldo, fueron consultados por el papa Francisco sobre la doctrina de la guerra justa (en su momento citada por Camilo para justificar la revolución colombiana).

—Camilo se radicaliza y llega a esta elaboración teórica, en la cual usa elementos del cristianismo y de la doctrina cristiana para justificar la lucha armada, diciendo que el amor hacia los pobres tiene que ser eficaz y que para que sea eficaz tiene que apoyar la revolución —recordó el periodista Camilo Alzate, durante la más elogiada de las entrevistas a Javier Giraldo de estos días, difundida ampliamente en la víspera de la misa ecuménica—. Pero, ¿usted cree que esa argumentación teórica, que estaba parada en los años sesenta, en una sociedad, como usted bien lo dice, muy desigual, políticamente cerrada, donde dos partidos se repartían el poder, con una dominación muy fuerte de los Estados Unidos sobre este país, con unas brechas sociales inmensas… Esa argumentación del amor eficaz y esa justificación que hace Camilo Torres de la lucha armada es válida hoy para un cristiano?

—Esa es una discusión muy complicada —respondió el entrevistado en la biblioteca de la curia provincial de los jesuitas, un convento ubicado en el populoso barrio de La Soledad, en la localidad bogotana de Teusaquillo; no lejos de las sedes de los partidos conservador y liberal, ni de las oficinas del obispado castrense y del campus de la Universidad Nacional—. El papa Francisco hizo toda una campaña y llamó expertos de muchos países para suprimir de la doctrina social cristiana tradicional una tesis que estaba desde muchos siglos antes allí: el problema de la guerra justa. Él quería suprimir esos términos, la guerra justa; y afirmar que ninguna guerra puede ser justa. Yo fui una de las personas consultadas a través de Pax Christi Internacional. El papa mandó a consultar mucha, mucha gente, de todos los países; sobre la supresión de ese término: guerra justa. Yo creo que ahí hubo muchas opiniones. Yo era muy amigo personal de François Houtart, este sociólogo belga que también era religioso. Y François tenía unos análisis muy de fondo. Por ejemplo, el momento en que América Latina se llenó de movimientos guerrilleros. Fue después de la revolución cubana, sobre todo. Y él veía que lo que fue la lucha armada en ese primer momento era muy distinto de lo que es hoy. Pero que, de todas maneras, esa lucha armada tenía unas razones que nunca fueron contestadas o invalidadas por los teóricos, porque nunca se dio una salida a la justicia y una especie de solución técnica o lo que fuera, que dejara sin argumentos a los movimientos armados; nunca se destapó lo que son las otras violencias: las violencias del poder —mientras el entrevistado avanzaba en su explicación, llegado a ese punto, el entrevistador se cogía la barbilla y parpadeaba rápidamente, con la pierna izquierda cruzada sobre su rodilla derecha—; y todos los argumentos que ha habido contra los movimientos armados nunca han tenido una contraposición en mostrar que las otras violencias pueden desaparecer fácilmente. Las violencias del poder. François Houtart fue muy amigo de Camilo y él fue el que lo invitó a Bélgica, donde había una visión muy progresista de la doctrina social de la Iglesia en Lovaina…

—La Universidad Católica de Lovaina —precisó Alzate.

—Entonces allá se formó Camilo. E, incluso, cuando se cumplieron los cincuenta años (de la muerte de Camilo), François hizo una reflexión muy de fondo sobre lo que fue la motivación de Camilo en ese momento. Ya había pasado mucho tiempo y, por eso, él no condena a Camilo así. Y piensa que muchas personas que estuvieron en movimientos armados en esa época, casi en todos los países de América Latina tenían esa motivación…

—Claro, pero, de esos movimientos, algunos han ido desapareciendo por sustracción de materia, otros fracasaron o derivaron en distorsiones totales de sus idearios originales —replicó el reportero, mientras el entrevistado empezó a asentir parcialmente a cada una de sus frases—; otros entraron a procesos de paz, fueron gobiernos legales, como en Centro América, y Colombia es una especie de anacronismo, en el sentido de que todavía hay una insurgencia activa que, además, reclama la figura de Camilo Torres como su figura tutelar, ¿cierto? Como su…

—Sí, pero yo creo que no se reclama la figura simplemente como una motivación a la lucha armada —agregó Giraldo, precisando su posición—… Puede haber movimientos que lo hagan, pero yo creo que más se reclama la figura de Camilo como el que llevó a analizar a fondo el modelo de sociedad que vivimos y a tomar posiciones coherentes que lleven a un cambio de esa sociedad.

—Okey… —contestó el entrevistador, antes de pasar a otro tema.

La ofrenda

En sí misma, la liturgia de la palabra de la segunda misa es toda una catequesis. Sobran más palabras. Tomada del libro del Éxodo, la primera lectura refiere al episodio de Moisés frente a la zarza ardiente. “El lugar que pisas es suelo sagrado”, le dijo una voz divina al liberador de Israel, ex-miembro de la élite egipcia… A manera de Salmo, la asamblea canta El Profeta, del peruano Gilmer Torres Ruiz. A voz en grito y con henchida emoción, retumba en la capilla:

“Antes que te formaras dentro del vientre de tu madre, 

antes que tú nacieras, te conocía y te consagré.

Para ser mi profeta de las naciones yo te escogí.

Irás donde te envíe y lo que te mande proclamarás”.

La iglesia de rito siro-ortodoxo, marginada del presbiterio durante la primera misa, ahora tiene rol protagónico: su representante en Colombia, Michael Daniel Cuevas, lee un fragmento del tercer evangelio en el mismo sitio en que una semana Darío Álvarez Botero le impidió concelebrar a su hermano de confesión, según la denuncia de los siro-ortodoxos.

“He venido a arrojar un fuego sobre la tierra y ¡cuánto desearía que ya hubiera prendido!”, cita el narrador de Lucas, poniendo dichas palabras en boca de Cristo. “Con un bautismo tengo que ser bautizado y ¡qué angustiado estoy hasta que se cumpla! ¿Creen que estoy aquí para poner paz en la tierra? No, se los aseguro, sino división. Porque desde ahora habrá cinco en una casas y estarán divididos; tres contra dos y dos contra tres; estarán divididos el padre contra el hijo y el hijo contra el padre; la madre contra la hija y la hija contra la madre; la suegra contra la nuera y la nuera contra la suegra (…)”.

Después del comentario de Cuevas, quien, entre otras cosas, afirma que en instancias de Estado debería haber miles de camilos; miles de camilos en el campo y en la ciudad; en la universidad y en la Iglesia, toma la palabra Javier Giraldo:

“Las lecturas que hemos utilizado en esta eucaristía nos interpelan; nos remiten a la vida y al pensamiento de Camilo. Vamos a pasar al ofertorio, pero antes del canto, quisiera que repasáramos qué pensó Camilo, cuál fue su ofrenda, su ofertorio. Lo dijo en muchos de sus textos, de sus reflexiones. Pero recordemos estas palabras sintéticas en que nos dice por qué él entregó su vida por esta causa. Dice así, en una de sus reflexiones”.

Cita, entonces, una declaración que Camilo puso en manos de la opinión pública tras pedir al cardenal ser reducido al estado laical.

“Cuando existen circunstancias que impiden a los hombres entregarse a Cristo, el sacerdote tiene como función propia combatir esas circunstancias, aun a costa de la posibilidad de celebrar el rito eucarístico, que no se entiende sin la entrega de los cristianos.

En la estructura actual de la Iglesia, se me ha hecho imposible continuar el ejercicio de mi sacerdocio en los aspectos del culto externo. La misa, que es el objetivo final de la acción sacerdotal, es una acción fundamentalmente comunitaria. Pero la comunidad cristiana no puede ofrecer en forma auténtica el sacrificio si antes no ha realizado en forma efectiva el precepto del amor al prójimo.

Yo opté por el cristianismo por considerar que en él se encontraba la forma más pura de servir a mi prójimo. Fui elegido por Cristo para ser sacerdote eternamente, motivado por el deseo de entregarme de tiempo completo al amor de mis semejantes. Como sociólogo, he querido que ese amor se vuelva eficaz mediante la técnica y la ciencia. Al analizar la sociedad colombiana, me he dado cuenta de la necesidad de una revolución para poder dar de comer al hambriento, de beber al sediento, vestir al desnudo y realizar el bienestar de las mayorías de nuestro pueblo. Estimo que la lucha revolucionaria es una lucha cristiana y sacerdotal. Solamente por ella, en las circunstancias concretas de nuestra patria, podemos realizar el amor que los hombres deben tener a sus prójimos. 

Desde que estoy ejerciendo mi ministerio sacerdotal he procurado por todas las formas que los laicos católicos o no católicos se entreguen a la lucha revolucionaria. Ante la ausencia de una respuesta masiva del pueblo a la acción de los laicos, he resuelto entregarme yo, realizando, así, parte de mi labor de llevar a los hombres por el amor mutuo al amor de Dios. Esta actividad la considero esencial para mi vida cristiana y sacerdotal como colombiano. 

Con todo, es una labor que actualmente riñe con la disciplina de la Iglesia actual. No quiero faltar a esta disciplina ni quiero traicionar mi conciencia, por eso pido a su eminencia, el cardenal, que me libere de mis obligaciones clericales, para poder servir al pueblo en el terreno temporal. 

Sacrifico uno de los derechos que amo más profundamente: poder celebrar el culto externo de la Iglesia como sacerdote, para crear las condiciones que hacen más auténtico ese culto. Creo que mi compromiso con mis semejantes de realizar eficazmente el precepto del amor al prójimo me impone este sacrificio: la suprema medida de las decisiones humanas debe ser la caridad, debe ser el amor sobrenatural. Correré y con todos los riesgos que esta medida me exija”.

De la curia a la embajada

La anterior declaración fue escrita por Camilo el 24 de junio de 1965. Al día siguiente, en la mañana, el exclérigo se reunió con Covet Thomas, entonces embajador de los Estados Unidos y le pidió patrocinio para su faceta de conferencista, según reseñó la embajada. El periodista Gerardo Reyes, de Univisión, encontraría el dato muchos años después, escarbando entre documentos desclasificados del Departamento de Estado.

El 6 de julio de 1965, once días después de su reunión con Thomas, Camilo se reunió en San Vicente del Chucurí (Santander) con el comandante en jefe del ELN, Fabio Vásquez Castaño. El neo-seglar le ofreció a Vásquez poner al servicio de la guerrilla su actividad como agitador de masas, incluida su labor en cabeza del periódico que meses después bautizaría Frente Unido.

Fabio aceptó la ofrenda y le ordenó a un antiguo dirigente estudiantil de la Universidad Industrial de Santander (UIS), Jaime Arenas, servir de guardaespaldas de Camilo. Cinco años después de la muerte en combate de este último, Fabio ordenó el asesinato de Jaime. Un castigo por el libro que este escribió: La guerrilla por dentro. Una pormenorizada relación de sus críticas contra el entonces comandante del ELN, responsable, según el autor, de la muerte de Camilo.

Al guerrillero bogotano muerto en combate el 15 de febrero de 1966, en Patio Cemento, San Vicente del Chucurí (Santander), le sobraba temeridad, pero le faltaba entrenamiento militar.

Buscadora desde la cuna

Aunque ecuménica, la misa no se diferencia mucho del común de eucaristías católicas. Al final, un joven descuelga una bandera desde el coro de la capilla: “Camilo vive, que el amor nos salve la vida. Archivos del Búho”. Una fotografía a blanco y negro de Camilo se destaca sobre el fondo rojinegro: Camilo sonriendo.

En términos generales, el común de los camilistas se porta bien en misa. Que uno que otro irrumpa en arengas contra el cardenal no es problema para los concelebrantes. Pasó la semana anterior. Y, aunque hay más de un ateo, la fe en la causa es compartida y trasciende la cuestión religiosa. Si un dios divide, Camilo une. “Prescindamos de lo que nos separa”, dijo el antiguo capellán de la universidad.

Una mujer vestida de blanco se enjuga las lágrimas al fondo del presbiterio. Sigue el curso de los hechos, mientras la masa empieza a disolverse. Un reportero se le acerca y ella acepta brindar su testimonio.

—¿Qué significado tiene, particularmente para usted, esta ceremonia?

—Esta ceremonia nos permite decir que estamos celebrando las exequias de un mártir del amor eficaz y de los pueblos en este país. Significa mucho —responde la mujer con los ojos brillantes y un rosario de cuentas blancas sobre el pecho—. Nací buscando el cuerpo del padre Camilo. Y evoco mi niñez de campesina santandereana justo en las tierras donde él fue ejecutado. Y, por lo tanto, significa, no solo, el amor eficaz (que hemos tratado de practicarlo y ser coherentes durante toda nuestra vida); sino, significa la construcción de ese Frente Unido que él inspiró, a partir de buscar la unidad entre los dolores de los distintos pueblos.

—¿Usted dónde nació? —le pregunta el periodista.

—Yo soy de San Vicente de Chucurí, Santander —responde ella, sonriendo.

—¿Cuál ha sido la influencia de Camilo en su vida y en su actividad política?

—Eh… bueno. Yo soy campesina —declara cobrando un aire grave—. Como campesina, siempre he luchado… por el bienestar; especialmente, he luchado por la dignidad de las mujeres y he estado trabajando toda mi vida en la organización social, en la organización campesina, también he sido funcionaria pública, por supuesto. Y significa, Camilo, una luz de esperanza para los pueblos. Significa ese puente entre lo místico… entre la Iglesia, pero también en las salidas de dignidad… no caridad, sino dignidad para el pueblo colombiano.

—El padre dijo en la misa que debería haber más camilos en entidades del Estado. ¿Usted es uno de ellos?

—He tratado de ser una Camila del amor eficaz en lo público, en el ejercicio de lo público.

—¿Hoy en día qué rol tiene en el Estado?

—Yo soy secretaria general de una entidad del Estado que lucha… ¡No! …Que su trabajo misional es restituir a los despojados de las tierras —se corrige a sí misma, velozmente, acaso sorprendida también ella por el lapsus—. Y como secretaria general puedo hacer mucho trabajo más allá del escritorio, llevando al territorio a las entidades; escuchando a las víctimas del despojo, a las víctimas del desarraigo y, con ellos, construyendo soluciones.

—Su nombre —requiere el periodista, agradeciendo a su fuente.

—Jaqueline Campos.

La entidad a la que se refiere la mujer es la Unidad de Restitución de Tierras, al servicio de la cual trabajó Iván Danilo Rueda después de salir de la oficina del Alto Comisionado de Paz.

“Como la serpiente que se muerde la cola”

La identificación de los restos de Camilo ocurre durante una coyuntura muy concreta: el gobierno de los Estados Unidos ha recrudecido su guerra contra las drogas con bombardeos de lanchas en el Caribe que han dejado decenas de muertos y sosteniendo en el poder, en Venezuela, a Delcy Rodríguez, vicepresidenta de Nicolás Maduro, luego de la captura del sucesor de Hugo Chávez.

En vísperas de su reunión con Donald Trump en la Casa Blanca, Petro radicalizó su rechazo contra el ELN, ordenando un bombardeo contra la guerrilla en el Catatumbo. El ataque se produjo pocas horas después de una reunión entre el ELN y miembros de la Iglesia católica, representantes de los gobiernos de Noruega y Suiza, y un asesor del presidente que defiende la tesis de que “el camilismo va más allá del ELN”: Víctor de Currea-Lugo.

La guerrilla rechaza que Petro la reduzca a una banda de traquetos que prefiere el legado de Pablo Escobar antes que el del amor eficaz de Camilo. Pide que sea creada una comisión para esclarecer la relación entre el ELN y el narcotráfico. Petro acepta, pero el nombre de eventuales integrantes de dicha comisión sigue siendo un misterio.

Estefanía Ciro, experta en el análisis de políticas de drogas, también está en la capilla un buen rato después del final de la misa. Acepta aportar su lectura sobre la coyuntura, después de un breve saludo.

—Significado de Camilo para el mundo de los intelectuales, investigadores sociales y académicos —inquiere el reportero.

—Yo leo a Camilo desde el presente de lo que significan estos tiempos de Colombia y sus coyunturas tan extrañas. Y es justo en este momento de un reflujo de la derecha, sobre todo en la Universidad Nacional y que lleguen esta misma semana los restos a la universidad. Son esos momentos históricos tan insignes de nuestro país que muestran esa lectura como la decían ahorita: sesenta años de los restos desaparecidos, cuarenta fueron los años de camino de Moisés en el desierto. Entonces, creo que muestra que en este país los ciclos y los momentos históricos viven en un presente muy vivo en la actualidad política colombiana.

—Profesora, la coyuntura política a la que usted apela. El ELN habla de la superación del narcotráfico. ¿Usted qué opina?

—Ellos proponen la comisión de verificación para probar que no hay relaciones ni nexos con las economías de la cocaína. Yo creo que eso es como la serpiente que se muerde la cola. Alimenta esa idea de que vengan los Estados Unidos y vean que nosotros sí somos buenos, que nosotros sí hacemos las cosas bien y que nosotros no somos narcos; primero, refuerza esa idea del prohibicionismo: que tenemos que hacerle caso a los Estados Unidos en esos escenarios. Es como proclamando una autocertificación. Y eso es muy complejo, porque, precisamente, lo que se lucha en términos revolucionarios es que la soberanía sobre la política de drogas es de los pueblos y no hay por qué responderle al prohibicionismo en sus lógicas.

El tercer mural

Finalmente la masa se disuelve y cada quien vuelve a lo suyo. Mientras algunas personas se aprestan a salir rápidamente de la universidad, otras vagan espontáneamente por el campus. Algunos visitantes se acercan al edificio del Departamento de Sociología de la Facultad de Ciencias Humanas para tomarle fotos al famoso mural en memoria de Camilo.

En atención a las reacciones que despertó el borramiento del mural en homenaje a un grupo de sociólogas, un colectivo distinto al que había pintado este último hizo un nuevo mural. Lejos de resolver el conflicto, este nuevo mural lo profundizó. “La pinta que hizo el mismo grupo sin haber conciliado con nosotras y sacando a las mujeres europeas, siempre que no fueran revolucionarias o militantes”, comentará una indignada.

Sobre fondo negro, rodeando los bustos de once mujeres con una silueta roja, las retratadas son ahora: Rosa Luxemburgo, Vania Bambirra, Marielle Franco, Adriana Guzmán, Alexandra Kollontai, Ida Wells Barnett, Luz Gabriela Arango, Angela Davis, María Cristina Salazar, María Elvira Naranjo y Violeta Arango (esta última, investigada por las autoridades con la tesis de que participó en el atentado contra el baño de mujeres del centro comercial Andino que en 2017 provocó la muerte de tres mujeres y dejó a otras nueve heridas).

*Fotografías de Daniel Pineda

Epílogo: “844 millones de veces”

24 de febrero de 2024. Medicina Legal revela la conclusión de sus análisis. La entidad da fe de que los restos encontrados en 2024 en el panteón militar del cementerio municipal de Bucaramanga corresponden a los de Camilo Torres Restrepo. Inferencia  a la que llegó después de cotejar muestras de dichos restos con muestras de los restos de Isabel Gaviria Cobaleda y de su hija, Isabel Restrepo. Esto último, precisamente lo que había recomendado semanas atrás el genetista Juan José Yunis, con el fin de que al final del proceso no cupiera la menor duda.

Fuera de cierto timing, mientras la mayoría de espectadores abandona la sala dando por terminada la función, Ariel Emilio Cortés se asoma a través del telón de la crónica y declara:

“Hoy, bajo el más estricto rigor científico y técnico, el instituto confirma con una certeza de ochocientos cuarenta y cuatro millones de veces más probable que los restos analizados corresponden genéticamente a un hijo biológico de Calixto Torres Umaña y nieto de Isabel Gaviria Cobaleda a que sean de un individuo al azar en una población”.

* * * * *

#EntrevistasHaciaElUmbral

Continúe el recorrido por el especial. A continuación, otras voces para el análisis:

Pedro Elías Joya

Helena Uran Bidegain

Felipe Arias

Deja un comentario

Tendencias