Por Carlos Sanabria | @csanabria
El pasado 30 de abril, el coronel José Luis Bastidas Moreno recibió en su pecho la medalla “Legión al Mérito y Servicio Meritorio” de manos del general Philip J. Ryan, comandante del Ejército Sur estadounidense. Lo que no supo el general Ryan es que el oficial que estaba condecorando tiene sobre sí señalamientos por violencia de género y acoso laboral contra, al menos, cinco oficiales mujeres y que una de ellas elevó una denuncia por injuria ante la Fiscalía General de la Nación.
Bastidas ejerce la jefatura del Departamento Conjunto de Operaciones, dependencia integrada al Comando General de las Fuerzas Militares (FF.MM.). Como parte de sus funciones, ha sido vocero de la institución ante los medios de comunicación, el Congreso de la República y la Corte Constitucional y fue el líder del Plan Democracia para garantizar la seguridad de las elecciones durante 2026 y la organización del desfile del pasado 20 de julio.

Fuente: Corte Constitucional
Hacia El Umbral conoció los documentos que soportan la denuncia de una de las militares presuntamente agredidas por el coronel Bastidas, oficial que pidió mantener su identidad bajo reserva y quien ya ha rendido su versión de los hechos ante la Fiscalía y la Procuraduría Delegada para la Fuerza Pública. La denunciante también puso su caso en conocimiento del ministro de Defensa, Pedro Sánchez y del general Juan Carlos Correa Consuegra, hoy Inspector General de las Fuerzas Militares. También supo de los hechos el general Hugo Alejandro López Barreto, quien, para la época de los presuntos abusos, ejercía como Jefe del Estado Mayor Conjunto de las FF.MM., y hoy es el Comandante General de la institución.
“Es un intocable”, afirma una de las mujeres que se quejan del uniformado. Bastidas fue considerado mano derecha del almirante Francisco Cubides Granados, cuando este fue comandante de las FF.MM., y en el entorno de su dependencia dicen que es el “protegido” del general López, Comandante General desde el pasado 29 de diciembre de 2025.
Al momento de publicar este reportaje no existen medidas judiciales o administrativas que afecten el estatus del coronel. Ahora que se aproxima la posesión de Abelardo de la Espriella, Bastidas podría recibir un nuevo puesto en la Casa Militar, la dependencia que se encarga de la seguridad y la logística del Presidente de la República, según funcionarios cercanos a su despacho.
Los hechos
Según denuncia Carolina (*), oficial con 17 años de carrera y proveniente de una familia de tradición militar, la agresión en su contra ocurrió ocho meses antes de la condecoración de Bastidas por parte del Ejército estadounidense. El 18 de agosto de 2025, su jefe la llamó a su despacho en el edificio Fortaleza del CAN, un recinto aislado del resto de estancias por una pesada puerta de seguridad que se cerró a espaldas de Carolina cuando ella acudió al lugar, en respuesta al requerimiento de su superior.
La oficial cuenta que el coronel le llamó la atención porque supuestamente era ella quien estaba acosando a un sargento en la dependencia en la que estaba adscrita. Aunque no estuvo presente en el evento, Bastidas aludió a una reunión social a la que Carolina acudió para celebrar el cumpleaños de una compañera de trabajo. Así se expresó el coronel , según el relato de la oficial en su declaración ante la Fiscalía: “Tenga cuidado con quien sale a tomar cerveza y a bailar. ¿Usted es casada, no? ¿Usted es fiel?”.
Lo que se presentaba como un llamado de atención de un oficial superior a su subalterna pasó a un tono “amenazante, intimidante e humillante”, según el relato de Carolina en su denuncia penal por injuria.
“Cada vez que intentaba hablar me decía ‘cállese, escúcheme, estoy hablando yo’. Al final de la conversación me dice ‘pero tranquila usted está muy buena, acá todos se la quieren comer’”, agregó la denunciante en el texto de la querella.
En entrevista con este reportero, Carolina recuerda que en ese momento el coronel Bastidas invadió su espacio personal para calificar su apariencia física, infiere que esas cualidades habían sido comentadas por otros hombres de la institución y califica lo dicho por el alto oficial como “lenguaje desobligante, degradante e irrespetuoso” en contra de su dignidad como mujer.
La oficial interpuso la denuncia en la Fiscalía el 4 de noviembre de 2025, tras reportar los hechos irregulares ante sus superiores militares y por la lentitud institucional frente al caso. En febrero de 2026, Carolina y el coronel Bastidas, tuvieron un cara a cara en audiencia de conciliación ante la fiscal que lleva el caso. La oficial se ratificó en sus denuncias, mientras que el presunto agresor negó los hechos. El proceso sigue su curso. La oficial espera que llegue a etapa de juicio.
* Nombre ficticio para nombrar a la denunciante.
Bastidas, gerente del Plan Democracia 2026
La más reciente asignación del coronel José Luis Bastidas fue a la gerencia del Plan Democracia, la estrategia de seguridad en coordinación con el Ejército, la Armada y la Fuerza Aeroespacial para salvaguardar el derecho al voto de los colombianos durante las elecciones al Congreso y a la Presidencia de este año.
Carolina tuvo que verle la cara y escucharle la voz en las muchas entrevistas que concedió a los medios de comunicación en tiempo electoral. En una de esas intervenciones, muy orgulloso de su encargo, Bastidas dijo: “nosotros juramos defender la bandera y cumplir el artículo 217 de la Constitución Nacional, en donde nuestro compromiso es la defensa de la ley”.

Esa ley de la que se ufana el funcionario todavía no se aplica en favor de Carolina, madre de dos niños de 2 y 7 años y quien manifiesta ser víctima de fuertes presiones derivadas del rechazo que despertó su denuncia. Según la oficial, tras enterarse del reporte elevado ante sus superiores, de la denuncia ante la Fiscalía y de la queja disciplinaria ante la Procuraduría, el poderoso coronel Bastidas no solo le hizo imposible el ambiente de trabajo a la denunciante, sino que empezó un acoso sistemático y agresivo en su contra.
“Mi Coronel ha tomado medidas como eliminarme del grupo de Directores. En mencionado grupo nos cita a reuniones y nos emite órdenes a los líderes de cada proceso, desconociéndome como única mujer oficial del grupo, utilizando su poder para sacarme y demostrar así a los demás integrantes del grupo su decisión”, aporta Carolina en su denuncia ante la Fiscalía.
Según la denunciante, el acoso incluyó varias anotaciones negativas y de demérito en su contra, así como sucesivas órdenes de traslado, que, aunque propias de la vida militar, coincidieron con el momento en que Carolina denunció la violencia de género en su contra. Primero, dentro de Bogotá pero lejos de su casa, dificultando el cuidado de sus hijos; y luego, a una zona de orden público.
En diciembre de 2025, Carolina fue asignada a la Fuerza de Despliegue Rápido No. 11, con base en San José del Guaviare, donde hoy las Fuerzas Militares confrontan a las disidencias de alias “Calarcá” y a la facción de alias “Iván Mordisco”, que luchan entre sí por el control territorial, el narcotráfico y la minería ilegal en el suroriente del país.
Para oficiales superiores como Carolina, la decisión de enviarla a una “zona roja” es recibidacomo un castigo por haberse atrevido a denunciar al intocable coronel Bastidas. Entonces, la uniformada pasó a reportar los hechos de violencia de género y acoso laboral al despacho del Ministro de Defensa Nacional.
La carta al ministro Sánchez
El 20 de octubre de 2025, Carolina envió una carta al ministro de Defensa, Pedro Sánchez, para ponerlo al tanto de su caso, así como para informarle de las vulneraciones administrativas y morales que estaba padeciendo.

En el oficio puede leerse: “desde que interpuse mi queja he recibido violencia institucional, (…) todos los superiores apoyan al señor coronel y no han tomado medidas para que respete a las personas, teniéndose cuatro quejas más de mujeres que han sido maltratadas, así como cinco quejas más por mal ambiente laboral que han sido manejadas por la Dirección de Personal, situación que ha hecho que me sienta hostigada y desamparada”.
Carolina sostiene que el hostigamiento y la violencia institucional en su contra alcanzaron lo que hasta ese momento era una intachable hoja de vida institucional, sólo por el hecho de ejercer su derecho al buen nombre y denunciar acosos:
“He recibido retaliaciones por parte del señor Cr. Bastidas, realizándome en mi folio de vida digital 5 anotaciones de demérito y negativas posteriores a la queja, así mismo el señor Coronel Director de Personal del Comando General me está obligando a dejar mi lugar de trabajo, adoptando medidas en contra de mi estabilidad laboral y mi vida familiar con mis menores hijos (…)”, apunta Carolina en la misiva.
La oficial incluso describe en su carta al ministro Sánchez la forma como su queja pasaba de despacho a despacho pero sin acciones concretas a su favor: “el señor Director de Personal del Comando General de las Fuerzas Militares me dice que de acuerdo a la reunión en donde se expuso ante el señor Jefe (de Personal) no solo mi queja sino de las de las cuatro oficiales por violencia de género que yo relaciono en mi queja y de las cinco quejas por ambiente laboral, no se puede tomar ninguna medida en contra del Coronel Bastidas que porque él es la mano derecha del señor Almirante Comandante de las Fuerzas Militares, adicional a eso me dice y ellos analizaron y dijeron ‘entonces si tenemos cualquier queja de una mujer, ¿hay que creerle y tenemos que irnos?, Nooo’, como diciéndome ‘te condenaste por haber puesto una queja en contra de ese coronel y tú eres la que tiene que irse’.

El oficial de la Armada Nacional al que se refiere Carolina es el almirante (r) Francisco Cubides, ex Comandante de las FF.MM., y hoy embajador de Colombia ante la República de Indonesia.
El ministro Sánchez delegó la respuesta a la carta de Carolina al general Hugo Alejandro López Barreto, quien hoy es el Comandante General de las FF.MM., y para ese entonces ejercía como Jefe del Estado Mayor Conjunto de la institución.
En su comunicación del 20 de noviembre de 2025, el general López reiteró a Carolina que, en cuanto a sus órdenes de traslado, “atiende a la necesidad imperante de que se encuentre alejada del ambiente laboral al que alude en su escrito, así como de que permanezca aislada del posible agresor”.

Para Carolina, esta afirmación no tiene en cuenta su rol como mujer cabeza de familia a cargo de sus hijos menores de edad ni su condición de salud por disnea, secuela de la enfermedad pulmonar crónica que adquirió después de padecer COVID-19 durante la pandemia, cuando estuvo en UCI durante 22 días. Esto obliga a Carolina a tener un nivel de atención médica adecuado en el Hospital Militar de Bogotá.
Aunque Carolina asegura, en su queja al ministro Sánchez, que al menos cinco mujeres han sufrido violencia de género y otras cinco personas se quejan de mal ambiente laboral, todo por el coronel Bastidas, la respuesta del hoy Comandante General de las FF.MM. puede calificarse de pálida:
“La Dirección de Personal del Comando realizó encuesta de percepción de clima organizacional al Departamento Conjunto de Operaciones – CGDJ3 y aunque el resultado estuvo dentro del rango normal, se realizaron las recomendaciones del caso al Comando Superior”.
Y agrega el general López: “se gestionó (…) la separación de las partes involucradas como medida preventiva, con el fin de evitar situaciones de revictimización o exposición que pudieran agravar el impacto de los hechos relatados”. Esta fue una medida que sólo recayó en Carolina, contrariando los protocolos de protección de violencia en contra de la mujer que le asistían en ese momento.

Desde que denunció al coronel José Luis Bastidas, Carolina ha sido trasladada a tres guarniciones diferentes y hoy está emplazada en la base militar de Tolemaida, en Melgar, Tolima, mientras sus hijos pequeños están al cuidado de su esposo y su núcleo familiar cercano.
Carolina dice que ha sido revictimizada desde que fue ordenado su traslado a una zona de orden público, recibió cinco amonestaciones sin justa causa y quedó separada de sus hijos por pedir a su oficial superior el respeto que se merece.
Agrega que en su caso no se evidencian medidas concretas de protección, prevención, investigación o seguimiento que garanticen los derechos de ella y de las presuntas víctimas.
“Tengo miedo porque él tiene poder. Sé que no son santos y pueden hacer muchas cosas en mi contra. Le pueden poner 1.000 condecoraciones pero como persona es perverso pues su abuso de autoridad y jerarquía hacia sus subalternos ha sido permitido por el mando desde el nivel más alto”, dice la oficial.
Por ahora, a Carolina le queda ver por televisión y en las redes sociales cómo su agresor recibe altos honores militares y administrativos, incluso de ejércitos extranjeros, mientras ella siente que la institución a la que juró lealtad encubre al denunciado y la justicia todavía no lo toca.




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