
#Opinión
Lilia Solano no quiere que hablemos de Chris Ferguson. Por tanto, procedo a invitarlos a hablar sobre Chris Ferguson.
La otra vez, un amigo que trabaja para la encargada de Petro para el diálogo con los movimientos sociales resultó dando clases de ética periodística. Y me recordó que al poder le ofende que le pidan rendir cuentas. «Gracias, Farid».
Todo en la vida tiene que ver con plata, pero Chris Ferguson, el pastor canadiense que acompaña a Lilia en sus correrías por el país, dice que a él no le pagan, porque lo suyo, supuestamente, es un voluntariado.
La vaina es que tiene a Héctor Mauricio Pérez Casilimas sirviéndole de «comúniti mánayer» ad honorem. Si no me equivoco, Chris es el pastor con mayor visibilidad en las redes sociales de Lilia. Claro, hay uno que otro lagarto de vereda, pero es mejor no gastar pólvora en gallinazo.
¿Por qué Lilia se hace acompañar de este señor y no de Juan Pablo Lederach?
¿Acaso no tiene más experiencia en temas de paz el autor de La imaginación moral que un religioso por el que no responden ni en su iglesia?
Como Lilia no quiere hablar de Chris y se puso brava durante la entrevista que le hice el 6 de febrero cuando le pregunté por él, me vi en la obligación de llamar a Canadá: Chris es miembro de la Iglesia Unida de Canadá.
Lo curioso es que, en vez de responder mis preguntas, me remitieron a la Iglesia presbiteriana de Colombia. ¿Por qué, si Chris es de Canadá, me mandan a hablar con las mismas personas que no meten las manos al fuego por él ni en Teusaquillo ni en Barranquilla?
¿Hay alguien que meta las manos al fuego por el «voluntario» de la viceministra?
Gato encerrado, se los dije. Todos los caminos conducen a Roma.
Llevo todo el año haciendo preguntas estúpidas sobre la relación Iglesia-Estado y uno que otro amigo me niega el saludo por la calle. No quiere que yo diga que en tiempos de Petro también existe la mermelada.
Los monaguillos de la teología de la liberación, quienes ahora se sientan a manteles con las agencias de cooperación internacional católicas, de jóvenes tildaban a Colombia de democracia genocida. De viejos representan al Estado y ya no piden perdón.
Antes aparecían muy compungidos confesando los pecados de la derecha. Ahora callan frente a los errores de Gobierno de sus jefes.
Aquí o en Mesitas del Colegio es un error de cálculo político y un ataque contra la libertad de prensa expulsar a un periodista de oficinas públicas por hacer su trabajo: preguntar lo que la gente quiere saber.
¿Quiénes son los pastores beneficiados de la «paz total» de Petro?
No seamos ingenuos. Al lado del enfermo come el alentado. No existe el desinterés en el campo político, aunque diga sumercé que todo lo hace para la mayor gloria de Dios y no para posicionarse como «el hombre de confianza de la viceministra» o la mujer de Otty Patiño.
Si algo me pasa, responsabilizo a la Iglesia por malcriarme. Seguiré preguntando.
@Haciaelumbral




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