La falta de autocrítica en sectores de la izquierda cristiana en Colombia no es cosa exclusiva de algunos creyentes rebeldes. Los emparenta con sectores de la izquierda en general que tildan de revisionista o iluminado (esto último con enrevesada ironía) a quien osa criticar a su caudillo.

Se trata de un asunto de cultura política, que llevado al plano de lo teológico revive prácticas muy ridículas del cristianismo naciente, el cual, más rápido de lo que se cree, terminó en manos de fanáticos de bandos: el de Pedro, el de Pablo, el de…

Era el macho cristiano de turno el que salía a defender su pretendida ortodoxia, mientras más de una mujer era proscrita al silencio.

En estos días le escuché a una señora decir que el futuro del petrismo está en Iván Cepeda y en David Racero. Este último entusiasma a uno que otro camilista desprevenido con su cuento de que llegó a la política por la fe y de que se formó en la teología de la liberación. «Pero, dígame una cosa, doctor Racero, ¿cómo se formó en la teología de la liberación?», le preguntó al congresista cierto reportero la otra vez y el expresidente de la Cámara de Representantes contestó: «leyendo».

Bonita manera de formarse en la teología de la liberación.

No defiendo a Racero, porque para eso tendría que empezar defendiendo a su tío José Luis Mayorca, para quien el declarado exmisionero trabajó en 2011 «desempeñando funciones del área administrativa en el Centro Oncológico LTDA, tales como planeación, coordinación y organización de acciones relacionadas con la gestión del talento humano, contabilidad, logística, suministro de insumos, transporte, servicios públicos, servicios generales, entre otros».

Defiendo, sí, el derecho de la izquierda exquisita y cristiana a construirse ídolos, a la sombra de la devoción a Gustavo Petro. Dígame una cosa, usted, oenegero creyente que defiende a capa y espada a su caudillo: ¿defiende la sacada de Danilo de la oficina del Alto Comisionado para la Paz? Si es así, ¿por qué razones? O dígame, si no la defiende, ¿por qué razones? Yo apelo a las razones, no a los calificativos para desacreditar una opinión por más peregrina que esta sea.

Esta conversación nos llevaría a hablar sobre cristianismo y construcción de paz, un tema para el que en Colombia tenemos muchos referentes, gracias a Dios y a su madre.

Pero si no se puede hablar en público porque se pone bravo el jefe, entonces hablemos clandestinamente, que en eso también hay tradición.

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