
Noche a noche, oculto dentro de un almohadón de plumas, un parásito se dedicó sigilosamente a chupar la sangre de Alicia hasta ocasionar su muerte. El relato de Horacio Quiroga, tomado de Cuentos de amor, de locura y de muerte, sirvió hace unos años para que el pastor luterano Ángel Furlan explicara los alcances del sistema de deuda que hoy rige el destino mundial. Su intervención tuvo lugar en medio de un conversatorio organizado por la Mesa Ecoteológica Interreligiosa de Bogotá el miércoles 6 de agosto de 2014 en instalaciones del CINEP. El tema: “Deuda externa, derechos humanos y desarrollo en paz con justicia y dignidad”. Los asistentes: miembros de grupos de investigación y de diferentes agrupaciones religiosas.
El caso argentino
La intervención de Ángel Furlan tuvo como punto de partida la crisis de deuda que ya entonces atravesaba Argentina por cuenta de los denominados “fondos buitres”. “Los fondos buitres son corporaciones de inversión de capital, radicados generalmente en paraísos fiscales. Se dedican a comprar en la bolsa, a muy bajo precio, títulos devaluados de deuda pública, de naciones en situaciones críticas. Luego accionan judicialmente y hacen cabildeo internacional para cobrar el 100% del valor de esos títulos”, explicó. En Perú, por ejemplo, compraron bonos por 5 millones de dólares y consiguieron cobrar 58 millones. “Tardan entre 5 o 10 años en cobrarlo”, afirmó, antes de explicar un caso grave como el de Congo, donde compraron por 2,3 millones de dólares y consiguieron cobrar 100 millones de dólares.
Lo que entonces se desarrollaba en Argentina estaba vinculado al accionar de un grupo relativamente pequeño, constituido por NML y Aurelius Capital más otros menores, quienes compraron bonos por 48 millones de dólares y reclaman ahora 1.330 millones de dólares. “Esa es la situación en Argentina: los fondos exigen algo impagable. El peligro es que si Argentina les paga el resto de los buitres va a reclamar nuevas sumas. Si Argentina le paga a todos los buitres 15 mil millones tiene que vaciar la reserva del Banco Central. Si no paga entra en cesación de pagos frente a un tribunal extranjero, con el riesgo de ser embargado su fondo en cualquier lugar del mundo”.
Una bomba de tiempo
Si bien la situación aún no se replicaba en Colombia, el pastor Furlan consideraba importante reparar en lo que ya arrojaban las cifras. Según información oficial del Ministerio de Hacienda, entre diciembre de 2013 y marzo de 2014, la deuda había aumentado 3 mil millones de dólares y ya iba en 94.620 millones (incluyendo deuda interna). Hoy asciende a 156.834 millones (con 37% del presupuesto nacional dedicado a su pago). A su parecer, estábamos sentados ya en “una bomba de tiempo, corriendo el riesgo de un endeudamiento mayor al de Argentina”.
Señalaba el presupuesto nacional para 2014 que el gobierno estaba dejando de atender lo social por dar respuesta al pago de la deuda. 22% del presupuesto se destinaba a esee fin, es decir, 22 mil millones de dólares al año. Existe la idea, aún hoy, de que orientando esfuerzos para pagar la deuda externa se atraerá mayor inversión. Sin embargo, la realidad demuestra que la inversión extranjera no se traduce en beneficio al bien común de la nación. “Cada inversión que llega se lleva más de lo que pone”, sostuvo el pastor Furlan. Un ejemplo: el desequilibrio entre el ingreso por concepto de regalías y las utilidades de las empresas de capital extranjero dedicadas a operaciones mineras en Colombia. A lo anterior se suma el daño ocasionado sobre el territorio y sobre la vida de los pobladores de muchas regiones del país.
El pastor Furlan planteó “que el primer parámetro de medición que se debería usar en esta cuestión de la deuda no es la relación deuda Producto Interno Bruto, sino la relación entre el pago de la deuda y los derechos humanos”. Las consecuencias sociales del sistema de endeudamiento se hacen visibles en poblaciones que viven con necesidades básicas insatisfechas a nivel de salud, educación, trabajo, servicio social y vivienda.
“Pero hay otras implicaciones”, añadió. Una de ellas es el desplazamiento, toda vez que el mapa de la migración forzada coincide con el mapa de los intereses económicos sobre el territorio. También habló del sometimiento a imposiciones extranjeras, como un modelo de desarrollo extractivista; del saqueo de los bienes comunes; de la extranjerización del territorio; de la afectación sobre la vida de las minorías étnicas y de la criminalización de la protesta social, “correlatos del sistema de la deuda, como la promoción de tratados de libre comercio, que son la garra encima para sacar más, no para beneficio del país”.
La esclavitud moderna
Según Ángel Furlan, “dentro del actual sistema, la gran mentira consiste en afirmar que endeudarse es necesario para el desarrollo”. El capitalismo financiero se asemeja a la bestia del Apocalipsis; todos dicen de ella: “¡qué grande es la bestia, no puede ser vencida!”. “Ese es el sistema financiero en el mundo: a cada rato parece que explota, que no da más, y sin embargo, sobrevive por encima de las vidas humanas”. A su criterio, la economía debe volver a ser “cuidado de los bienes comunes”, en coherencia con su origen etimológico. Toda vez que la deuda se ha convertido en la esclavitud moderna, se hace urgente cambiar el sistema y el modo de pensar. Lo que entendemos por desarrollo es solo un modelo; existen otros, orientados hacia el Buen Vivir, que hacen posible un desarrollo en paz y con justicia.
Respecto a la deuda externa existen varias alternativas: continuar pagando a costa del pueblo, declarar la insolvencia soberana, no pagar sin otra argumentación, pedir una moratoria o impulsar una auditoría. Esta última opción es “la alternativa que más se ajusta al derecho y la justicia”, ya que determina lo que es fraudulento e ilegítimo y no debe ser pagado. “La fórmula mágica del sistema es la mentira, la usura, el fraude y la corrupción”; la auditoría es una herramienta fundamental que permitiría cambiar los énfasis: pasar del interés por el desarrollo económico al interés por el desarrollo humano; de una preocupación por el crecimiento económico a una preocupación por un crecimiento centrado en la vida y dignidad de las personas; de un énfasis en la seguridad jurídica para las compañías de capital extranjero a un énfasis en la seguridad jurídica con justicia social para la población; y, finalmente, pasar de la idea de la sustentabilidad de la deuda a la necesidad de la sustentabilidad social, ambiental y económica.
@HaciaElUmbral




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