Foto: Religión Digital

El alcalde de Popayán, contagiado de covid-19, estuvo en Bogotá del 11 al 15 de marzo, entre otras cosas para promocionar la famosa celebración de Semana Santa de la capital del Cauca.

Aunque el 2 de marzo había regresado de un viaje a Marruecos, con escala en Madrid, su secretario de salud plantea que el mandatario pudo haber contraído la enfermedad en su paso por la capital del país. Igual teoría planteó la presidenta de la Cámara de Comercio de Popayán, al momento de dar a conocer que también ella contrajo la enfermedad. También ella estuvo en Bogotá durante los actos del Vive Popayán, evento promocional de actividades turísticas de la capital del Cauca.

El 25 de marzo se dio a conocer que también está contagiado el secretario de Desarrollo Agroambiental y Fomento Económico de la alcaldía de Popayán.

Los tres contagios hacen pensar en la imprudencia del mandatario. Y sirven, además, para reflexionar sobre la responsabilidad de las autoridades, por estos días. No solo las autoridades civiles. También las eclesiásticas.

El 24 se posesionó el nuevo arzobispo de Tunja en la catedral metropolitana de la capital de Boyacá. Se cumplieron ciertas recomendaciones. La ceremonia se llevó a cabo a puerta cerrada y fue todo lo contrario a un acto multitudinario: participaron más o menos quince personas, en su mayoría, sacerdotes del consejo consultor.

Pero no se guardaron las distancias necesarias; hubo entre los presentes, al menos, tres personas que superan los 70 años de edad y el nuncio apostólico tuvo que trasladarse desde Bogotá hasta Tunja para presidir la ceremonia en vísperas de la cuarentena nacional decretada desde la Casa de Nariño.

Las imágenes del evento, trasmitidas por Tele Santiago, el medio de comunicación oficial de la arquidiócesis, no fueron un buen ejemplo para la audiencia, a pesar de las medidas asumidas.

En vísperas de una cuarentena nacional, dieron a entender que la pandemia no es algo tan grave y que en lo que refiere a la Iglesia católica hay actividades que ameritan reunir pequeños grupos.

El jesuita Jonathan Marín justificó la realización del evento diciendo que la posesión de un obispo es un acto jurídico que pide la presencia de testigos. Según él, lo ocurrido el 24 en Tunja no se trató de una actividad en masa que pusiera en riesgo a la población.

¿Acaso los sacerdotes no son ciudadanos? ¿Acaso cuando superan los 70 años de edad no deberían permanecer en casa, como recomienda la prudencia para cualquiera? ¿Acaso no es un riesgo que un funcionario eclesiástico se traslade entre ciudades por estos días?

La oficina de comunicaciones de la Conferencia Episcopal no ha reportado sacerdotes contagiados de conavid-19 en Colombia hasta el momento. El 24 Elisabetta Piqué se refirió a cuatro casos confirmados en el Vaticano y ya algunos medios de comunicación informan sobre algunos muertos que ha dejado el virus entre el clero en países de Europa, como España e Italia, donde un párroco enfermo donó su respirador a una persona más joven que él y murió en actitud sacrificial.

La actitud sacrificial de unos no debe impedir que otros se pregunten si pueden guardar mayores precauciones. Las medidas extremas de generosidad no necesariamente absuelven la imprudencia durante una pandemia.

Como advierte Alirio Cáceres, diácono de la arquidiócesis de Bogotá, «aun a puerta cerrada, somos vulnerables; hay riesgos en seminarios, conventos, casas religiosas e incluso en misas por TV […] Todos estamos interconectados. El virus es ecuménico, interreligioso, intercultural”.

Lo demuestra la cancelación de la Semana Santa en Popayán. Algo que parecía absoluto es hoy relativo, aunque acumule más de 400 años de historia. Que el cumplimiento del derecho canónico no signifique pasar por encima de la ley civil.

@HaciaElUmbral

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